viernes, 25 de marzo de 2011

La máquina política

Al parecer, la política no influye en los ciudadanos mas allá del comentario durante el café en la oficina.

Me intereso por la vida política de mi ciudad y no había ningún otro ciudadano.
Dejamos una parte muy importante de nuestras vidas en manos de unas personas que desconocemos y que tampoco nos fiamos
Permitimos que una mayoría deje de ejercer el deber del derecho al voto sin más consecuencia que valorar solo los votos contabilizados en favor de uno u otro partido
No ejercer este derecho es una falta de respeto a la comunidad que representa el estado democrático y como tal debería ser sancionado, pero es utilizado en favor de quienes quieren mantener la intrincada red de ruedas dentadas en que consiste la política en nuestro país.

Después de observar a nuestros elegidos, tengo una sensación de disparidad entre las necesidades de los partidos y la auténtica necesidad de las personas.
Esta compleja maquinaria, extremadamente complicada de seguir no son más que fricción innecesaria para la cuerda del reloj que es el pueblo. Se ha de ser "relojero" para escudriñar sus adentros porque las palabras tienen doble filo y según como se digan pueden usarse como arma en contra del mismo orador.

Si todos los partidos quisieran lo mismo, es decir, lo mejor para el pueblo, deberían centrarse en lo que pueden aportar, en decidir cuales son sus prioridades. El pueblo debe elegir al que se aproxime mas a las suyas no en contra de todos los demás.

Ayer mismo asistía a un pleno del ayuntamiento lleno de políticos pero vacío de pueblo.
Sentí vergüenza  ante la actuación de ciertos participantes que usaban las palabras como látigos sin otro empeño que el de entorpecer, mas que la voluntad de matizar y como estas mismas palabras eran usadas contra quien las formuló desde la distancia y el poder que da un conocimiento del medio que se usa en favor propio.

Aunque todo estaba orientado a la población, la utilización de los recursos no es tan clara, dando trato de favor al más fuerte y cerrando las alternativas a otras opciones si bien, dentro del marco de la ley, no se antepone los intereses del pueblo a los propios.

No se trata de saber si un partido sufre de corrupción o no, sino del alcance de esta, porque al parecer los partidos, como los jugadores, pertenecen al patrocinador y no al público por mucho que estos se vuelque.

Yo de usted no perdería de vista mi voto, no sea que entre en la categoría de animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
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