jueves, 20 de mayo de 2010

Convención social

Como muestra de lo útil y necesario que son las normas en general, y las sociales en particular, hice observar a mi hijo el suceso que relato a continuación mientras esperábamos nuestro turno en un centro público.

Llovía. Aunque habían asientos libres, permanecíamos en pie mi hijo y yo. Sentadas, habían personas de ambos sexos, diferentes etnias y edades.

Entró un  anciano, y saludó con un "Buenos días" en un tono sincero, humilde pero suficientemente alto para ser oído por todos, mientras cerraba su paraguas y buscaba a su alrededor el paraguero donde lo alojó.

Preguntó quien era el último y antes de que el silencio de las personas que estaban más cercanas a él fuese más incómodo, le comenté que debía de coger un número y que sería llamado por la pantalla informativa.
El hombre dio las gracias y se acercó a tomar uno. Al hacerlo, otra persona mayor, esta vez una mujer, se acercaba también a recoger un número, que se lo facilitó el hombre cortésmente.

Volvió a la zona de asientos y le preguntó a una señorita ataviada al uso árabe, si el asiento estaba libre. La mujer respondió un -si- casi inaudible y se sentó con dificultad. mientras le respondía -Gracias-.


Al salir de las gestiones, la sala de espera estaba llena, todos los asientos estaban ocupados con la misma variedad que antes, Pero algunas personas mayores estaban en pie mientras otras mas jóvenes seguían sentadas.
El anciano se levantó para ceder su asiento a una señora mayor, con mucha amabilidad.

Hice observar todo esto a mi hijo. Mencioné lo agradable que había sido en todo momento y el bienestar que hizo sentir a su alrededor con su educado comportamiento y su sencillez, en contraste con el silencio general, la falta de respuesta a su saludo por la mayoría y la falta de educación mostrada por los más jóvenes al no ceder su asiento a alguien mas necesitado que ellos.

Cambien le comenté que el día anterior una persona había caído en aquel mismo suelo mojado por todos los paraguas goteantes que seguían manteniendo cada uno mientras permanecía únicamente el paraguas del anciano en el paraguero.

¿Preferirías vivir como en "Que bello es vivir" o como en "Mad Max"?
Publicar un comentario