viernes, 2 de diciembre de 2011

Cuentos para no dormir

Era se una vez un hormiguero muy organizado. Se trataban de hormigas especiales, únicas en su género. Tenían una forma social diferente, no existía solo una reina sino toda una corte a los que todos servían... desde lo más humilde.

Hay muchas historias sobre ese hormiguero, pero esta historia trata de una de esas laboriosas hormiguitas que se pasan todo el día acarreando comida, muchísima, mucho más de la que ella comerá nunca.

Un día, la sección de obreras se dio cuenta que aquella pequeña hormiga había estado aportando mucho más de la media, pero se dieron cuenta como pasa siempre, cuando faltó.

Aquel trabajo agotador pasó factura, aunque no tanta como lo que supuso el olvido a la que fue sometida.

Pasó mucho tiempo hasta que pudo empezar a valerse de nuevo
-No deberías regresar tan pronto, aún estás débil
-Ya puedo, ya.

Se sentía culpable por no haber podido trabajar durante todo ese tiempo, Se decía que no podía seguir así

Sin llegar a comprender lo que pasaba fue a ver a su capataz, una hormiga joven y arrogante que ni le miró sus antenas ¿Porqué lo iba a hacer si no le importó durante todo el tiempo que estuvo enferma?
_Otra hormiga está haciendo tu trabajo ¿Quien crees que va a querer trabajar con una hormiga caduca?
-¡Pero yo he...
_¡No importa! Vete. Ya veré si puedo hacer algo. No me molestes más.

No se percató de que arrastraba sus patas al salir. Ya le había olvidado...
¿A alguien le importa lo que le suceda a una hormiga?

Cualquier parecido con la realidad, no es casualidad.

Todos tenemos alguien cercano que le ha pasado

Yo también.




Publicar un comentario