lunes, 25 de junio de 2018

La decadencia


La historia está repleta de ellas. Historias que se repiten cambiando el nombre de los actores y la localización, un mero cambio de decorado. Un contrasentido de todo lo aprendido es que al final, no aprendemos nada y volvemos a actuar (mal) una y otra vez.

Es el inexorable ciclo de un tiempo nacido de un momento convulso que acaba en otro que repetirá el ciclo.
La decadencia, es el acto final que se lee en esta parte de nuestra historia repetida hasta donde los escritos nos recuerdan.
Decir que el hombre está en la cúspide por su inteligencia, es solo por nuestra incapacidad para reconocer una inteligencia y la estupidez de creer que la nuestra, de modo colectivo, la es.

Hacemos un daño irreparable al planeta, sin visos de acabar con el. Nos reproducimos como una plaga, ajenos a un orden natural. Avanzamos tecnológicamente en la forma de eliminar y eliminarnos más rápidamente. Permitimos que nos gobiernen personas corruptas, que perdamos derechos conseguidos muy duramente.
Olvidamos la lógica más simple y damos armas a los más agresivos contra los más civilizados. Permitimos que se desmorone la cultura en beneficio de inconscientes que ven en las reglas de convivencia en privadores de su libertad y que la de los demás que la limite, debe combatirse.

Nuestra civilización está enferma y la historia nos enseña que no para rejuvenecer, sino para morir.
El tiempo de convulsión llegará, como lo ha hecho incontables veces y sufriremos o sufrirán nuestros descendientes, como ya lo hicieron otros tantas veces.
¿Dónde está la inteligencia del ser humano?
¿Dónde esta la Humanidad de la especie?

Cada cierto tiempo, un imperio surge del caos e impone sus reglas. Crece madura e irremediablemente se descompone, conforme alteran las reglas o su cumplimiento.

Observa a tus vecinos, a tu barrio, tu pueblo o ciudad, tu país y a los otros países. Lee sobre su historia y pregúntate ¿Si somos inteligentes, que hemos aprendido?
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