lunes, 10 de noviembre de 2014

Donde y cuando menos te lo esperas.



Normalmente escribo sobre aquello que señalan las muchas cosas negativas que hacen los semejantes, que no iguales.

La situación política española pasa por un momento singular en el que cualquier hecho histórico,  por no decir el único, en que los habitantes de este país podían sentirse orgullosos, no por el suceso en si sino por ser el momento en que, todos a una nos importó más el frente común que mirarse el propio ombligo. 

Aunque este hecho tuviera  que ver con la lacra de la violencia de una guerra. Ha sido la vez en la que todos miraron hacia un mismo sitio.

No voy a aceptar sacar algo positivo, aunque Napoleón reconociese en ese acto, honor pero si me ha hecho pensar que la crítica continua en este blog, olvida el motivo principal que es el encuentro de lo que se supone que debe ser un ser humano,  la inteligencia, el sentido común. 

Como decia, abrumado por la denigrante actuación del gobierno y la estructura política, con la pasividad de los solo "teóricamente representados",  perdí de vista el camino, el propósito que me impulsó a escribir.

Ayer desayunaba con dos personas, de esos extraños seres que su primera intención no es egoista, ni amenazante. El tiempo se relativizó y paso inadvertido como el nexo que lo produjo.

Llegué tarde a casa, olvidando avisar de mi retraso. Mientras mi mujer me regañaba, me di cuenta de que a veces cerramos los ojos para acostumbrarnos a la oscuridad que nos rodea y nos olvidamos que la oscuridad no desaparece al cerrar los ojos, sino al abrirlos.

Esas cosas que suceden y le dan un sentido a la vida más o menos fugaz e inadvertida, que te dan el aliento para seguir encontrando otro de esos momentos, entre la oscura realidad que producen nuestros cerrados párpados.

Parece mentira, pero podriamos quedarnos deslumbrados.

Gracias. He vuelto.

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