viernes, 21 de enero de 2011

Importancia de la normativa

No solo las leyes, sino las costumbres sociales deben tener un nexo común que los asocie.
Cuando existen discrepancias entre ambas, se suele recurrir al hecho consumado como medio de formalizar algo que desconoce u obvia la ley

Esta también, la legalidad, ha sido históricamente ralentizada de modo que la repetición de hechos no sujetos a ley específica se base en parte de la iteración, el mal menor o un precedente que de vía a formalizar un hecho.

Las leyes, ajenas a las modos de conducta cambiantes y a las nuevas tecnologías tiene una excesiva prudencia antes de realizar un cambio o ajustarse a los nuevos requisitos que causen los avances en cualquiera de los campos.

Es comprensible, pero no óptimo, al menos en la actualidad.

La base de la ley no es otra cosa que la convivencia, la interacción entre individuos que debe marcar los límites que la hagan posible.

Pero ¿que prevalece cuando las diferencias (cualesquiera que sean, culturales, religiosas...) son antagonistas?

Este punto debería quedar claro, especialmente en los lugares elegidos por los inmigrantes.

Cuando una persona, por la razón que sea, prefiere trasladar su vida a otro lugar geo-socialmente diferente, lo hace puesto que resulta  beneficioso. Este beneficio debe ser considerado, dado que la política social puede diferir, así como la cultura y costumbres. Por lo que la emigración conlleva el hecho de aceptar las reglas sociales y leyes del lugar que les acoje.

La sensación del bienestar, está ligado a un equilibrio entre las leyes, las costumbres y modismos. Ese estatus de bienestar, de fluidez, de armonía, es afectado mucho antes de que las costumbres o las leyes cambien, pudiéndose producir empobrecimiento del bienestar en principio.

Las leyes y reglamentos para la convivencia, deben tener un mayor dinamismo ante el hecho de que la evolución en los últimos 50 años a multiplicado el avance de los cambios producidos en siglos.

Es de agradecer encontrar una mano abierta a estrecharnos la nuestra al recibirnos, pero con ello se sella el compromiso de igualdad, pero no la de las leyes o costumbres (costumbres discrepantes o antagónicas) del país de procedencia sino del receptor.

Si hay alguna ley superior a la que impongamos dentro de los muros de nuestra propia casa, es la que rija la comunidad más cercana (comunidad de vecinos) seguida de barrios-distritos población-región, país.
Nuestro país, es partícipe de otras comunidades, la Europea y consta en la O.N.U aunque esta no tenga el poder global auténtico que debería tener.

Al fin y al cabo, todos somos iguales, sin discriminación de sexo, (aunque una mujer cobre menos en un mismo puesto de trabajo que un hombre) raza, (aunque existan políticas de apartheid) religión, (aunque sea la causa o excusa en la mayoría de las guerras)

La falta al cumplimiento de las leyes, no solo descalifica al autor sino a la sociedad que lo permita. puesto que corromperá sus principios, que no son otros que el interés humano, que es el que debe ser equitativo.

Este controvertido tema debe estar junto a la mano extendida para recibir al inmigrante y no puede haber inserción social formando por subconjuntos de habitantes que ni aminoren la sensación de bienestar ni la compartan con equidad, puesto que seguramente fue el motivo de la elección del inmigrante.

Es evidente que el intercambio cultural es siempre enriquecedor, pero no todo es cultura y no todo es enriquecedor, por lo que grupos de participación multicultural deben debatir la renovación o mantenimiento de la normas a seguir por el bien común.
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